¿Qué uso suele hacerse del corazón en el mundo empresarial? ¿Serían diferentes las decisiones si las tomáramos desde el corazón? ¿Cuán diferentes serían?

Hay un músculo, un perfecto órgano de nuesto cuerpo que está asociado al amor. Y me pregunto qué pasaría en la sociedad si las decisiones las tomáramos más desde esta parte que desde el conocido razonamiento.

Si, estoy hablando del corazón, de este músculo que está comprobado que tiene neuronas propias y que funciona como un cerebro, con más de 40.000 neuronas y transmisores.

Generalmente suele premiar el pensamiento racional, objectivo, basado en datos, análisis… y poco sustentado en el impacto emocional que nuestras decisiones pueden tener en los demás.

Y realmente, ¿qué quiere decir pensar con el corazón? 

Bajo mi punto de vista es dejar de enfocarnos en nosotros mismos y poner el foco en los demás. Se trata de preguntarnos: ¿de qué forma nuestra empresa contribuye a la sociedad? ¿A quien servimos? Y aquí me refiero a la perspectiva de  liderar es servir

Para mí tener claras estas preguntas lo cambia todo. Dejar de pensar en los objetivos propios (y que conste que soy una defensora de tener objetivos definidos y por escrito; ya que nos aportan claridad, guía y foco). Aunque si nos centramos demasiado en estos objetivos, nos apegamos al resultado y es muy problable que el propósito inicial con que los definimos, haya perdido sentido.

Es el momento de enfocarnos en la aportación que hacemos a los demás a través de nuestros servicios o productos. Se trata de poner el foco en los demás antes que en nosotros mismos. Eso es lo que permitirá humanizar las organizaciones. Aportar valor no únicamente a los socios inversores, sino a todos los miembros de la organización, ya sean los propios empleados, colaboradores, clientes, proveedores… en definitiva cualquier persona que se relacione conmigo. Este es el primer paso que permite crear una empresa consciente y coherente con los valores que aporta.

Pensar con el corazón, es comunicarnos de persona a persona y no con el rol o cargo que se ocupa en el organigrama. Es aportar valor hacia la persona que tenemos delante, haciendo lo posible por ayudarle a resolver un problema (aquel por el que estamos cualificados) y pensar en términos de ganar-ganar.

Desafortunadamente, estas prácticas- que pueden ser muy obvias- pueden ser toda una revelación para una sociedad empresarial que a menudo desconoce sus propios valores, donde hay falta de coherencia y donde hay un reclamo de ética y congruencia entre las personas y los negocios, entre lo que se dice y se hace.

 

Sobre mí:

Soy psicóloga y Coach profesional certificada por ICF. Trabajo con profesionales y empresarios que quieren desarrollar su autoliderazgo para impulsar su carrera o su negocio, consiguiendo nuevos retos profesionales y mejorar su bienestar personal. Colaboro con organizaciones y asociaciones empresariales realizando formación y eventos para el desarrollo del potencial humano.